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Educación y entorno educador

Educación y entorno educador

En las últimas décadas, estamos viviendo como sociedad transformaciones económicas, sociales y culturales que están cuestionando la visión tradicional que hemos tenido de la educación y también del sistema educativo:

  • El concepto educación ya no sólo hace referencia a aquella que recibimos en nuestras escuelas. Habitualmente confundimos los términos educación y sistema educativo, cuando en realidad son cosas diferentes. El concepto educación supera a la escuela tanto en lo referente al espacio en el que se lleva a cabo, como en la variedad de agentes que participan en ella. Hoy en día la educación la podemos encontrar fuera de la escuela, antes y después de haber estado en ella, en ámbitos que pueden ser considerados no-formales e informales, a través de diferentes modalidades cada vez más abiertas relacionadas con las nuevas tecnologías y del mundo virtual, en los medios de comunicación, y por supuesto, en nuestras vivencias diarias. El concepto educación es entendido cada vez más como un proceso permanente y a lo largo de nuestras vidas.
  • Se considera que la educación no puede estar vinculada a la transmisión de conocimientos como único objetivo. Cada vez más se plantea la necesidad de pasar del modelo tradicional basado en la transmisión y acumulación de conocimientos hacia un modelo que se fundamente en una actitud y un proceso permanente y activo de aprendizaje. En este nuevo modelo, el alumno se convierte en un agente activo de su proceso de aprendizaje, que además debe seguir manteniendo durante toda su vida.

Por otro lado, desde nuestras Administraciones tanto regionales como en el ámbito europeo, conceptos como el de Sociedad del Conocimiento y Aprendizaje a lo Largo de la vida son retos que nos están lanzando, y que casi todos los Gobiernos se han propuesto alcanzar. Abordar estos desafíos, supone elevar la mirada e iniciar una nueva etapa que nos permita extender la influencia de nuestro sistema educativo más allá de lo que hasta ahora ha sido habitual.

Las actividades sociales que realizamos fuera del sistema educativo también tienen componentes formativos, y son por ende generadoras de conocimiento. Cada día más, la educación necesita la colaboración coordinada de diferentes actores, agentes, recursos y sistemas que apoyen a nuestros centros educativos, y para ello debemos desarrollar nuevos proyectos, nuevos servicios, y un mayor aprovechamiento de todos los recursos y fuerzas que se encuentran en su entorno.

El municipio en el que vivimos, los diferentes agentes que interactúan en él, los medios de comunicación, las relaciones sociales, tienen ya otra dimensión y otra relevancia en el sistema que tradicionalmente no la tenían. Además, el concepto educación también ha ido adquiriendo otras dimensiones en estos años: hablamos de diferentes tipos de educación (formal, no formal e informal), de unos contenidos más amplios y diferentes a los tradicionales (conocimientos, experiencias y sensibilidades, competencias, valores), y de los diferentes fines que pueden ser perseguidos por la educación (académicos o no, dirigidos al mundo del trabajo, al desarrollo integral o bien para la acción comunitaria).

En este escenario, el marco socializador de la educación pasa a ser el “entorno” (entorno educativo o entorno educador) en su sentido más amplio. Un entorno educativo que conecta nuestro sistema educativo con el mundo exterior que le rodea, construyendo puentes con otros sistemas de aprendizaje que también existen, con el objetivo de fortalecer la educación que recibimos en nuestras escuelas, y definir de manera más clara el papel que la escuela debe asumir en el marco de la Sociedad del Conocimiento y de Aprendizaje a lo largo de la Vida que pretendemos abordar. De no ser así, va a ser imposible que de manera aislada nuestro sistema educativo pueda dar respuesta a todas las necesidades de aprendizaje y a las demandas sociales que tenemos como personas en el contexto actual.

Y es en estas conexiones donde se hacen imprescindibles todos los agentes del entorno educativo que pueden ejercer como educadores. La creación de redes de cooperación que busquen la integración ciudadana, la cohesión social, la participación de los ciudadanos y ciudadanas, que aborden la diversidad y la interculturalidad, la sostenibilidad, o la igualdad de oportunidades entre otros aspectos han de favorecerse. Necesitamos fomentar diferentes formas de colaboración, implicación y trabajo conjunto tanto en el ámbito educativo de nuestras escuelas como en nuestras comunidades. Se trata de un proceso en el que el concepto de la “participación” pasa a tener un papel substancial y una dimensión global.

Así pues, debemos considerar varias realidades educativas simultáneas, el entorno educativo y educador, la escuela y los espacios interrelacionados entre la escuela y la comunidad. Es decir, la escuela abierta a la comunidad y la comunidad abierta a la escuela. Y esto no es más que un nuevo modelo educativo evolucionado, que tiene como premisa fundamental el principio de la “implicación social total” en las tareas educativas y formativas del alumnado y de toda la ciudadanía más allá del sistema educativo tradicional. Si partimos de la premisa de que la educación es una responsabilidad que compete a la sociedad en su conjunto, equivale a aceptar, que para afrontar los retos que la educación tiene ante sí no basta solo con el compromiso de la escuela y de los profesionales que trabajan en ella, sino que requiere el compromiso, la cooperación y la responsabilidad compartida de todos los agentes de su entorno. Y es en el marco de esta corresponsabilidad donde toma sentido el entorno educativo y los recursos que estos disponen. Colectiva y/o individualmente, todos estos agentes poseen un conjunto de conocimientos y competencias de diferentes tipos que la escuela suele ignorar.

Tenemos por delante el reto de convertir a nuestras escuelas en agentes catalizadores de su entorno para que estos entren en el aula. Los proyectos y la organización de nuestros centros educativos hay que alinearlos con las necesidades de aprendizaje de su alumnado y en relación con su entorno social, de manera que ambos se potencien mutuamente. La escuela además de un lugar de instrucción, también es un espacio de socialización y desarrollo cultural que actúa sobre el entorno, y para ello debemos crear las condiciones necesarias para convertir a nuestros centros escolares en agentes generadores de cultura, de manera que la sociedad se implique directamente en su proyecto.

Nunca el mundo educativo se ha entendido separado del entorno en el que actúa y de la comunidad en la que se inserta, pero hoy en día esta máxima requiere una priorización absoluta, que facilite y reflexione sobre los procedimientos y sistemas adecuados. La innovación en el sistema educativo está ligada a una estrategia de adaptación a un entorno social cada vez más complejo e incierto, y la mayoría de los retos que actualmente deben abordarse desde el sistema educativo pueden y deben ser gestionados a través de la corresponsabilización de los diferentes agentes que existen en su entorno. Esto supone, pasar de la lógica tradicional de “cada uno a lo suyo” a la de “entre todos lo haremos”, es decir, generando complicidades e incorporando los distintos puntos de vista.

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GOTZON BERNAOLA. Director de Programas
Innovación Social
Innobasque-Agencia vasca de la Innovación

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